La tartamudez es un estado de sufrimiento que afecta, aproximadamente, a un 2% de la población. Está relacionada al modo de hablar de una persona; tiene como efecto un habla con rupturas: ya sea bloqueos, repeticiones y prolongaciones tensas y frecuentes de sonidos, sílabas o palabras que perturban la fluidez verbal. No se origina solamente por una causa, sino que es producto de interacción de factores orgánicos, psicológicos y también sociales.
Quien padece una tartamudez siente la discriminación de una sociedad autodefinida como justa, igualitaria y tolerante mientras que empuja al tartamudo, al gordo, al feo y en definitiva al diferente a un segundo plano.
Una sociedad cruel que “festeja” la burla descarada como las que aparecen en falsos programas de humor, o en un Tablado de Carnaval, suponen un duro golpe en la autoestima de las personas tartamudas y constituye una falta de respeto absoluta .
La tartamudez produce constantes golpes a la autoestima y lesiona derechos fundamentales como el derecho a la educación y al trabajo. Consideramos que las personas tartamudas tienen derecho a exigir, en función de su grado de tartamudez, exámenes escritos en lugar de pruebas orales, de forma que la expresión oral no suponga un problema a la hora de demostrar los conocimientos aprendidos.
Las personas tartamudas tienen derecho a exigir que las empresas no discriminen a sus trabajadores en función de su fluidez verbal y que los procesos de selección de personal sean justos con las personas tartamudas. Entendemos que hay trabajos no aptos para las personas que sufren bloqueos severos como, por ejemplo, un Call Center, pero no podemos admitir la exclusión sistemática de las personas tartamudas en la primer entrevista, como ocurre habitualmente.
El autismo es un trastorno neurológico complejo que generalmente dura toda la vida. Es parte de un grupo de trastornos conocidos como trastornos del espectro autista (ASD por sus siglas en inglés). Actualmente se diagnostica con autismo a 1 de cada 68 individuos y a 1 de cada 42 niños varones, haciéndolo más común que los casos de cáncer, diabetes y SIDA pediátricos combinados. Se presenta en cualquier grupo racial, étnico y social, y es cuatro veces más frecuente en los niños que en las niñas. El autismo daña la capacidad de una persona para comunicarse y relacionarse con otros. También, está asociado con rutinas y comportamientos repetitivos, tales como arreglar objetos obsesivamente o seguir rutinas muy específicas. Los síntomas pueden oscilar desde leves hasta muy severos.
Los trastornos del espectro autista se pueden diagnosticar formalmente a la edad de 3 años, aunque nuevas investigaciones están retrocediendo la edad de diagnóstico a 6 meses. Normalmente son los padres quienes primero notan comportamientos poco comunes en su hijo o la incapacidad para alcanzar adecuadamente los hitos del desarrollo infantil. Algunos padres explican que su hijo parecía diferente desde su nacimiento y otros, que iba desarrollándose normalmente y luego perdía aptitudes. Puede que inicialmente los pediatras descarten las señales del autismo pensando que el niño podrá alcanzar el nivel deseado y le aconsejan a los padres que esperen y vean como se desarrolla. Nuevas investigaciones muestran que cuando los padres sospechan que hay algo mal con su hijo, generalmente están en lo correcto. Si tienes inquietudes acerca del desarrollo de tu hijo, no esperes y habla con su pedíatra para que sea evaluado.



